No me llames princesa

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No me llames princesa, pocas cosas más desagradables para mí, esa monarquía no pedida con la que la mayoría de las mujeres nacemos como un estigma de debilidad adquirido desde antes de nacer, una etiqueta maldita que nos hereda e impone nuestro padre sin mala intención, viéndonos al nacer como su “princesa”, y socialmente se riega la imagen mujer-princesa, asociada a la incapacidad de las mujeres para ejercer grandes retos ó trabajos pesados, la mujer debe ser una Lady Di: discreta, sumisa, pulcra, dócil y callada, femenina y hogareña, educada y recatada…suena a castigo, a represión, a maldición, y de cierta forma lo es, la niña tiene que vestir de rosa, debe jugar con trastes, debe practicar desde chica el rol de “mini madre” de sus muñecas, y estos estigmas sociales perjudican la seguridad y la autoestima de millones de niñas que no están conformes con el rol limitante que se les asigna, es un mundo de hombres con reglas de hombres…el princesismo sigue siendo un mal social que aún nos falta mucho camino para erradicar, si analizamos la realidad princesistica es bastante patética: las princesas son parásitos sociales, holgazanas mantenidas cuyo único sueño de realización es casarse con un tipo que las ponga en un castillo y las mantenga en calidad de ornato. Luego entonces la princesa es mujer objeto, planta de decoración en la vida del príncipe, pero además la princesa es un ente asexual, las películas y cuentos la presentan candorosa, virginal e incapaz de manifestar fantasías ó deseos sexuales de ningún tipo, porque lógicamente para el cine y los cuentos infantiles el sexo es malo, como mujer provengo de una familia tradicionalista con bases machistas, nadie me habló jamás de sexo, aprendí sobre sexualidad en una revista española juvenil llamada nuevo vale, tendría yo 13 años, y en casa me dejaban comprar la revista porque en portada traía a los ídolos juveniles hollywoodenses del momento, así que mientras mi madre creía que la compraba por el poster central de River Phoenix: lo cierto es que la compraba por el dosier sobre técnicas exitosas de la masturbación perfecta, el primer orgasmo lo tuve en el silencio de mi cuarto, con mis abuelos roncando en la cama de al lado, el descubrimiento del sexo vino acompañado de sentimientos de culpa y vergüenza, yo era una princesa, y las princesas no se masturban, las princesas no tienen deseos carnales, las princesas están destinadas a amores rosas de finales felices, y desde niña yo me preguntaba de donde venían los hijos de las princesas, aunque no recuerdo que Blanca Nieves tuviera hijos, ni la Cenicienta ni la Bella durmiente…Blanca Nieves era una mujer que vivía con 7 enanos que aunque la tipa era bonita y acuerpada nunca le tiraron el perro y la respetaron por buenos ó pendejos, hasta que llegó un cabrón príncipe que se la llevó a su castillo y de paso jaló con los pinches enanos porque ella los quería mucho, así que Blanca Nieves terminó viviendo con 8 hombres en una vida sin ninguna posibilidad de sexo…la huevona de la Bella durmiente se la pasó todo el cuento roncando con el paro de que una bruja malvada le pinchó un dedo cayéndole una maldición que la llevó a jetear por tiempo indefinido hasta que otro príncipe llegó a aprovecharse de su inconsciencia para plantarle un beso y sacarla de su zona de confort para llevársela a su castillo: sin que las palabras “vida sexual” se hicieran presentes en ninguna parte del aburrido cuento…la historia de la Cenicienta no fue muy distinta, sirvienta eterna de sus horrendas hermanastras hasta que se encuentra un hada madrota, (que diga madrina), y dicha hada le puso un carruaje chingón, un vestido mamalón y zapatillas de cristal solo para que la Cenicienta se ligara un príncipe que, adivinaron: se la llevó a su castillo sin que las palabras vida sexual se hicieran presentes en ninguna parte del cuento, las princesas de la vida real son menos aburridas, y para muestra la antes mencionada Lady Diana, que de mustia solo tenía la cara, porque le bajó el novio a su propia hermana y se casó con el poco agraciado príncipe que se la llevó a su castillo donde las palabras vida sexual solo se hicieron presentes para darle descendencia al príncipe, que se la pasó poniéndole el cuerno a Lady Di con una ex novia, y Lady Di consolándose en brazos de cuanto chofer y jardinero se le atravesaba en el camino, sea como sea, princesas de ficción o de la vida real: las monarquías siempre me dieron hueva, ya suficientemente difícil es ser mujer con todo el show hormonal que esto conlleva, para asumir la pendeja idea falsamente idílica de que ser princesa es algo cool, volviendo a mis desgracias sexuales, tenía yo cándidos 8 años cuando me empezaron a salir pelos ahí abajo, aún jugaba yo con mi muñeco Cabage Patch cuando sendos pelos emergieron de mi zona bendita e intocable, el impacto de descubrir pelos en mi cosita fue traumatizante, en mi casa no encontraba yo a quien recurrir para que me explicaran el motivo de descubrir greñas ahí abajo…para acabarla de chingar como al mes me salió sangre, si, sangre a los 8 años, estaba en colegio de monjas y a la puta regla se le ocurrió bajarme a los 8 inauditos años, no acababa de reponerme del impacto del vello genital cuando me tuve que enfrentar al de la regla, para variar en mi casa nadie me había hablado de lo que era el periodo, menos por supuesto en colegio católico, tuve la mala idea de confiárselo a mi hermano mayor, que aprovechándose de mi ignorancia me tomó de los hombros y me dijo al oído: “lo cierto es que te estás muriendo desangrada, mis papás no te lo quieren decir pero morirás desangrada por abajo, en un lago horrible de hemorragia”…pasé un par de noches de infierno con cólicos horribles y pensando en mi inminente fin, entonces fui con mi madre y le conté que tenía sangre ahí abajo, ahora a mis 42 años sigo sin creerme su respuesta, me dio una toalla sanitaria y me dijo: “es un barrito”, mi hermano seguía insistiendo en que me estaba muriendo desangrada y para ejemplo me ponía su propio acné: “yo tengo barros y no me sangran así”, entonces fui a decirle a la madre superiora de mi escuela que me salía sangre de mi palomita y que quería que ella me dijera la verdad, la monja me llevó arrastrando a la dirección a reglazos y jalones de oreja, me sentó en una silla en la dirección y me preguntó “con quien me había metido”, yo llorosa la miraba y le contestaba: “¿meterme a donde?”, total, que no supe la verdad del origen de la regla hasta dos años después, cuando mi madre consideró que “por fin” tenía mejor edad para decirme la verdad, dos años de angustia mental y de sentirme culpable y de no saber ni de qué…

Si a los 8 años ya me bajaba la regla y tenía vello púbico: al poco tiempo me salieron de madrazo los senos…el acoso y el bullyng escolar no se hicieron esperar, el maestro de educación física quería meterme mano (y lo que se pudiera), las burlas por ser una niña con cuerpo de mujer no se hicieron esperar, el tema sexual siempre fue un tabú familiar, en la adolescencia vi como todas mis amigas perdieron la virginidad alrededor mío, yo llegué virgen a los 20 años, y aún ahora recuerdo el trauma que significó para mi esa lucha entre el deseo y la culpa, me acosté con mi tercer novio después de años de negármele a los 2 anteriores, excitadísima y angustiadísima, entre el orgasmo y el llanto, y mi novio todo sacado de onda, sin entender si yo lo estaba gozando ó sufriendo, y es que, literal: lo estaba gozando y sufriendo, me estaba encantando y después bloqueaba mi propio placer cuando se me aparecía la cara de mi madre en la mente y lo que pensaría ella si me viera gimiendo como gata en celo, abierta de piernas con los ojos en blanco…esa tarde regresé a casa y no me atrevía a mirar a la cara a mi madre, fue peor porque perdí la virginidad sin soltar una sola gota de sangre, mi madre me había mal informado que la primera vez dolía horrible y se hacía un sangradero hemorrágico colosal, pues a mi me dolió mucho, mi grito se escuchó hasta el cerro del tesoro de la colonia Las águilas, (allá vivía mi tercer novio), pero el hecho es que de aquel mar de sangre del que obligatoriamente hablaba mi madre: no pues nada…así que me pasé noches mirando el techo preguntándome por qué no me había salido sangre, tampoco pude salir de dudas con mi novio porque resulta que de sexo tampoco sabía gran cosa, de hecho éramos vírgenes ambos al momento de hacer el amor…la cuestión es que la mitad de mi vida se vio perjudicada por las culpas y prejuicios sexuales, en casa el valor femenino estaba asociado directamente a la virginidad y la pureza, en la familia se vio normal y hasta admirable el evidente comienzo de la vida sexual de mi hermano mayor, yo pude pisar el primer antro hasta después de la muerte de mi padre, tenía yo para entonces 21 años…en casa nadie me habló nunca de sexo, ni de métodos anticonceptivos, nadie me dijo que el sexo responsable era un derecho de todos los seres humanos sin diferencias de género, porque de hecho en la calle y en la escuela, el sexo para las mujeres era un tema prohibido y tabú, la idea preponderante era casarse virgen y de ser posible con el primer novio, porque de hecho tener más de uno también era sinónimo de evidente putería, muchas conductas sociales normales eran vistas bajo el estigma de putería, comenzar a maquillarte en la adolescencia, un acto totalmente normal por ego natural era siempre visto como necesidad urgente de llamarle la atención a los hombres, (a todos): por puta, salir a divertirte era visto como la incomodidad de estar como se debía en casa, para salir a exhibirte donde fuera, para llamar la atención de los hombres y relacionarte con ellos: por puta, peinarte a la moda era copiarle a Madonna que era la reina de todas las putas, dejar de vestirte como niña ñoña y ajustarte unos jeans ó usar falda corta era señal inequívoca de nuestro afán desesperado de llamar la atención de los hombres: por putas, tener muchas amigas era una necesidad imperiosa de ser influidas por chicas libertinas más vividas que una, para por supuesto: ser toda una puta,  Total que del lado contrario yo veía a mi hermano vestirse a la moda, andar con 3 chicas a la vez, salir con sus amigos y llegar a la hora que quería, y no veía que nadie le dijera en mi casa que se portaba como un fácil o un cualquiera, mi padre tenía maneras muy sagaces de manipular mi culpa, según él me daba ciertas libertades, pero libertades monitoreadas 24 horas por él, si un chico me visitaba era a tres metros de sus ojos, si una amiga me llamaba era con mi padre fiscalizando la llamada desde la extensión de su cuarto, si yo salía con alguien, iba mi padre y me miraba a los ojos y me decía antes de salir de casa: “te estoy dando confianza, no hagas NADA de lo que pueda avergonzarme de ti”, tras esa frase se escondía un obvio “no cojas”, y era tan intimidante y directo, que me mantuve virgen hasta que mi padre murió. Mientras mi padre vivió: fui princesa, fui reprimida, fui manipulada, fui adoctrinada falsamente para ver el sexo como algo sucio e inmoral, al morir mi padre descubrí que ser puta no era tan malo como me lo habían pintado toda la vida…

Adriana Dammiel Mora, (ex princesa)

 

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El amor x de una generación perfecta

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Sé que escribo mucho sobre los años noventas, que vivo aún en la era del grunge, que rememoro constantemente esa época, mucha gente la llama la generación sin sueños, la generación de la desesperanza, la generación de los que no sabíamos donde ir, y es verdad que de algún modo eso éramos, tan es así que aún me sigo sintiendo de ese modo 25 años más tarde, pero hubo algo en esos años, el cine que se hacía era un reflejo de las dudas de nuestra generación, aquellos actores como John Cusack, River Phoenix y Keanu Reeves representaban papeles de constante búsqueda de si mismos, transmitían la ansiedad adolescente y las frustraciones colectivas por no sentirnos aceptados socialmente, dentro de nuestras casas, a puertas cerradas, fuimos los rechazados de nuestras familias, los no comprendidos, los que oían a Soundgarden y Nirvana y vestían de negro y encontraban su identidad y sus iguales en la calle o en los bares, esa fue mi generación…hoy, repito, muchos de nuestros mitos e iconos culturales están muertos, y aún ahora, ante la desesperanza de mis inminentes 43 años: me siento a escuchar a Gin Blossoms los domingos con un cigarro, y cierro los ojos y me veo de 17 años, tremendamente flaca y blanca, vestida con mallas de rayas blancas y negras, camisa de leñador y botas negras industriales, con ese noviecito tarugo y fresa, el único que tal vez verdaderamente alguna vez me amó, se llamaba Jimmy y estaba tan solo y abandonado como yo, era rico y yo muy pobre, y andábamos en su moto rebel choper juntos para todos lados, y bebíamos caribe cooler porque esos vinos me recordaban al novio anterior que yo no podía olvidar, y Jimmy lo conocía y sabía que yo estaba enamorada del otro y así aceptaba la situación porque aprendió a quererme como fuera porque era como perrito del fango, y yo era una perra malparida y desalmada que lo trataba con la punta del pie porque era muy joven y muy inmadura y muy pendeja y no le valoraba nada, pero diariamente en mi pecho había esperanza, esa que ahora ya no tengo, había entusiasmos renovados, la fortaleza y ganas de vivir que te da la ilusa, gloriosa e irrepetible juventud, aunque no tuviera motivos de vida yo me los inventaba diariamente, fue una época enfática y vigorosa, las muertes de Cobain y Phoenix nos marcaron entonces tanto como ahora nos marca la de Cornell, y queda la música, los himnos, los personajes irrepetibles, los amores frustrados, los lugares que ya no existen, las películas que nos hacen saber que ese tiempo existió, que no lo soñamos, el tiempo en que dios fue benevolente y piadoso con nosotros, la época en que aquel novio tolerante me amaba, (hoy ya se casó), el tiempo en que creíamos que el destino nos devolvería algún día al primer gran amor, (que hoy ya está muerto), el lugar al este del paraíso al que nunca volveremos por completo en tiempo actual…

Adriana Dammiel Mora.

(A Jimmy Guevara).

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JAMES DEAN: UN GIGANTE A 62 AÑOS DE SU FALLECIMIENTO — EL ALEBRIJE

Por: Saúl Arellano Montoro Un día como hoy pero de 1955 el estudiante californiano Donnald Turnpseed, a bordo de su Ford Sedan, venía acercándose sobre la ruta 41 a la intersección donde se une con con la 46 en el estado de California. Regresaba cansado a casa para pasar unas vacaciones. Eran las 17:40pm En […]

a través de JAMES DEAN: UN GIGANTE A 62 AÑOS DE SU FALLECIMIENTO — EL ALEBRIJE

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Bombón

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Mi padre es una de esas cosas de la vida que se esconden en un rincón de la rutina para que no duelan, rara vez saco su recuerdo del baúl donde lo resguardo, estoy segura que no soy precisamente el tipo de hija que le habría gustado tener, mi padre se crió con prejuicios machistas más arraigados en su época que hoy en día, siendo muy chica pudo darse cuenta que muy poco de tranquila y femenina iba yo a tener en esta vida, durante mis primeros años y hasta la adolescencia mi padre infructuosamente trató de hacerme una niña discreta, damita, bien portada y ejemplar, después simplemente se resignó a que yo haría con mi vida lo que se me pegara la real gana, de alguna manera fue mi hermano el que se encargó de hacerle ver que ganaría más conmigo siendo mi amigo y cómplice que mostrándose cerrado y moralista…así  que puedo recordar a mi padre en sus últimos años como un tipo comprensivo, amigable y tolerante conmigo, de niña lo recuerdo como un espíritu libre, únicamente domado a medias por mi madre, mi padre perdió a su madre siendo muy niño, por lo mismo siempre vio a mi madre como la rienda que lo regresaba a buen camino cuando se descarriaba de más, mis primeras memorias datan de cuando yo tenía unos 3 años y aún dormía en una cuna blanca, rara vez veía a mi padre entonces, llegaba de noche para volverse a ir, el trabajo se le prestaba para la vida de juergas nocturnas, de alguna manera mi padre vivía vida de soltero fuera de casa, eran sus años dorados, los de abundancia y juventud, para acabarla de rematar el tipo era carismático y bien parecido, impecable en su vestir, con facilidad para socializar, y le encantaba la vida nocturna y la bohemia, si cierro los ojos ahora, recuerdo su abrazo frío entrando del sereno de la calle, su perfume, sus manos huesudas y morenas, su anillo de oro blanco con sus iniciales en brillantes, su voz varonil inconfundible…en casa no se le quitaba lo bohemio, escuchaba boleros y sones cubanos en la consola de la sala, los domingos  le gustaba ver el futbol tomando caguamas, (era americanista), aunque su deporte favorito era el béisbol, solía ver el béisbol con mi papá cuando era niña, me daba medio vasito de cerveza “para que fuera aprendiendo a tomar y no me emborrachara a la primera al ser grande”, a los 17 años después de la primera decepción amorosa: mi padre me compraba los cariber cooler de sabores para añorar a mi ex novio burgués al que le encantaba esa marca de vinos, mi padre fumaba bien y bonito, marlboro, no crean que niñerías, y fumaba tan lindo que a los 56 años le dio cáncer de pulmón, se nos fue rápido, han pasado décadas y aún lo recuerdo oyendo su música, con la vista en sus recuerdos, muy suyos, y lo recuerdo en la mesa del comedor diciéndome: “un día vas a encontrar al amor de tu vida, y lo vas a reconocer sin dudas, lo vas a mirar y vas a saber que es él como yo supe reconocer a tu madre, mientras tanto espero que te enamores una y otra vez”…y recordaba esas palabras el jueves pasado en la cama al lado del amor de mi vida, mi padre tenía razón, yo supe reconocer al amor de mi vida hace casi 20 años, más sabía el diablo por viejo que por diablo…no hay un lugar donde pueda ir a dejarle flores a mi padre, y ni falta hace, estoy segura que no quisiera vernos llorando ante una tumba, mi padre ya está en otro lugar, donde trato de nunca importunarlo, y trato a mi manera de cumplir lo que me pidió antes de morir, no abandonar nunca a mi madre, ver por ella hasta el final, si acaso desde mis letras el recuerdo cálido de mi padre se asoma en fechas como esta, donde sé que tuve un padre alguna vez en la vida, e igual que para la mayoría en este día: fue el mejor padre que pude haber tenido.

(A Francisco Torres Ramón, mi padre).

Adriana Dammiel Mora.

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Carey

Lo trajo mi hermano a casa hace 9 meses, un felino bebé raza carey, diminuto, cabía en la palma de mi mano, de inmediato aprendimos a quererlo, mi hermano le puso por nombre: “Comte”, su personalidad siempre fue altiva, elegante, mimosa pero independiente, como todo gato buscó en mi casa su comodidad que se procuró donde se sintiera a gusto, esto podía ser en el baño, ó estirado a lo ancho de mi cama, ó sobre mi mochila en los sofás de nuestra sala, su pelaje suave tricolor y sus ojitos vivarachos nos cautivaron desde que era muy pequeño, Comte se volvió un miembro más de mi familia, con mi hermano siempre fue más cariñoso que con mi madre ó conmigo, desde muy chiquitito hacía guardia fuera del baño para esperarlo, solo se dejaba acariciar por mi hermano, solo estaba quietecito entre sus brazos, dormía en el cuarto de mi hermano, en el día iba y venía a sus anchas por el departamento en libertad, Comte fue siempre un señoritingo de casa, gatos vecinos se acercaban a buscarlo y rara vez lo dejamos socializar, Comte fue creciendo mes a mes hasta dejar de ser el minino pequeñito que llegó cargado por mi hermano, de pronto ya era un joven gato en la ventana de la sala, gallardito, altivo…nuestro gato, nuestra mascota amada…entre mi hermano y yo le construimos una casita de gato hecha con cajas de fruta, un edredón, una almohada negra mullida y rascadera con sogas y juguetes colgantes, Comte rara vez la usó, siempre prefirió echarse sobre mis bolsas ó en el tapete de entrada a nuestro baño…anoche llegué del trabajo a casa y lo encontré actuando raro, caminaba extraño, con el trasero levantado y la cola tiesa, se restregaba contra las paredes y hacía “prrrr, prrrr”, se revolcaba en el suelo y repetía esa conducta que jamás le habíamos notado: entré en pánico, dos de mis gatos anteriores murieron envenenados por vecinos, de pronto lo primero que pensé es que Comte presentaba los primeros signos de algún tipo de envenenamiento, mientras mi mascota caminaba con el culillo erguido ronroneando por todo el departamento: le mandé un whatsapp a mi hermano comentándole mis temores, ante el impedimento de mi hermano de regresar pronto a casa por lo lejos que aún estaba: tomé al gato y lo metí en una caja de cartón, busqué en internet alguna veterinaria 24 horas y una doctora me dio la dirección de una clínica cercana a mi casa, salí corriendo a buscar un taxi con mi mascota en la caja, el animalito paniqueado hacía intentos desesperados por salirse de la caja, en la avenida más cercana no pasaba ningún taxi y yo tenía el miedo de que Comte lograra escapar y fuera atropellado,  por fin logré detener un taxi que me llevó con mi mascota a la clínica donde una doctora nos atendió de inmediato, al abrirnos le dije: “creo que envenenaron a mi gato”, en el consultorio la doctora sacó a mi temerosa mascota de la caja y me dijo: “para empezar no es un gato, es una hermosa gatita”…la quijada se me cayó al piso, ¿¿una gata??, ¡a mi hermano se lo vendieron como gato!, aún perpleja le dije a la doctora: “¿segura?”, y me respondió que su titulo universitario avalaba ampliamente su afirmación, “señora, es una gata de raza Carey, su pelaje es tricolor, solo las gatas tienen más de dos colores, y no está envenenada, está teniendo su primer celo y por eso actúa de esa manera”…después del impacto inicial el segundo y que casi me deja diabética fue la cuenta de la consulta, salí de la clinica con mi “gata” otra vez en la caja, al volver a casa mi hermano ya había llegado, le di la noticia a mi familia, “no es un gato, es gata, y no está enveneada, solo está pasando su primer celo”, Comte fue al regazo de mi hermano salamera y cariñosa como sólo se muestra ante él, decidimos no cambiarle el nombre, de ahora en adelante será Comte la gata, su celo durará unos cuantos días en los cuales tendremos que resguardar sigilosamente su honor felino hasta llevarla a esterilizar, es gata de casa, hija adoptiva de artistas, no podemos permitir que cualquier gato de barriada la desprestigie, es así como les he compartido la irónica historia del gatito que salió de mi casa hacía una clínica veterinaria para regresar convertido en una gata, Comte: mi gata carey.

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Mamá Elisa

La madre de mi madre se llamaba Elisa, era jarocha, como jarocha es completamente mi familia, jarochos todos de varias partes del estado de Veracruz, pero jarochos todos, era hija de un hacendado español, mi bisabuelo era dueño de un negocio cafetalero, de alguna manera mi abuela creció siendo la niña rica mimada de su padre, ese aire de alcurnia española la persiguió su vida entera así cayera en la ruina económica más terrible, ella era soberbia, altiva, fría para demostrar cariño, mandona, muchas veces cruel e injusta en su trato hacia mi madre, excelente cocinera como todas las mujeres jarochas…se casó en segundas nupcias con mi abuelo Carlos, un joven trovador, disipado y bohemio, mi abuela había estado casada antes con un hombre francés que fue asesinado por ordenes de su propio hermano, más tarde conoció a mi abuelo y se casó con él, duraron juntos toda la vida, y los recuerdo peleando todo el tiempo, los dos viejos vagando de casa en casa de los hijos de mi abuela, un poco relegados y hacinados, pagando el precio de no haberse procurado una casa para ambos siendo jóvenes, ya no los aguantaban unos y los enviaban a casa de otros, la que mayor tiempo los tuvo y los mantuvo fue mi madre, siempre hay un, o una hija más responsable que los otros, más agradecida, al perro noble de la familia se le cargan siempre las pulgas, el perro noble de su familia fue siempre mi madre…durante un tiempo mis padres les pagaron la renta de una casita en la colonia Mexicaltzingo de Guadalajara, los primeros recuerdos de mi niñez corresponden a esa casa, salir de la primaria que estaba a unas cuadras, con mi abuelo de la mano, pasar a la tiendita de abarrotes de la esquina, (las llamaban “estanquillos”), y esperar al abuelo Carlos comprarme dulces de cocadas y un refresco de naranja chiquito y panzón llamado “chaparritas del naranjo”, llegar a casa de mi abuela Elisa, dormir siesta en su incomoda sala de madera rompe huesos, ser levantada a jalones a comer delicioso, las viandas de mi abuela eran un orgasmo al paladar, había un sazón que supongo era legado veracruzano, todo lo cocinaba con manteca de cerdo, y no eran las comidas rápidas y chatarras de hoy, eran sopa de arroz, ya fuera roja ó blanca, alguna sopa aguada de pasta, dos guisados ya fueran de res ó puerco, perfectamente sazonados,  habían además diariamente dos salsas borrachas de molcajete, roja y verde, el postre y el agua fresca, y reventabas cuando te bajabas de la mesa, después mi abuela me ponía un banquito de madera para ayudarle a lavar los trastes, mi abuelo se ahogaba en la puerta de la casa fumando sus viceroys, y tosía y tosía y no dejaba de fumar…la casa de los abuelos era segunda casa para mi hermano y para mi, frecuentemente nos quedábamos a dormir con ellos el fin de semana, era el tiempo donde la vida parecía infinita, donde los problemas eran los de los adultos y mis padres nos sentaban dos veces al mes frente a ellos para anunciarnos su divorcio que jamás llegó…mi abuelo Carlos murió un 14 de noviembre de 1989, yo era adolescente, mi abuela se pasó una vida peleando con él, y nunca he olvidado como se le abrazaba al cadáver aún tibio y le decía: “¿Estás dormido Carlos?”, pocas cosas más desgarradoras he mirado, aún hasta ahora que ya tengo 43 años…una nieta de mi abuela, hija de una media hermana de mi madre vino a llevársela con ella al poco tiempo de muerto mi abuelo, reclamaron su presencia después de la dedicación y los años que mi madre le entregó, nada pudimos hacer por retenerla, decidió irse y sabíamos que nunca volveríamos a verla, y así fue…un par de años más tarde una vecina vino a avisarnos que llamaron a su casa para que le avisara a mi madre de la muerte de mi abuela, murió sola, sin familia alrededor, en un hospital, ahogada con su propia sopa…a mi madre ni siquiera le dieron el derecho a asistir a su funeral ni a su entierro, siempre sentí que mi abuela no me quería, teníamos carácter similar, ella quería dominarme como lo había hecho con mi madre y yo nunca me dejé, ambas eramos aries, no la recuerdo jamás dándome un beso ni diciéndome que me quería, pero años más tarde un primo me contó que estando lejos me extrañaba y pensaba mucho en mi, donde quiera que esté mi abuela Elisa ahora, creo que no fue responsable de su dureza de corazón, ni de la educación que le dieron siendo niña, la amo y amo su recuerdo, supongo que no fue fácil para ella dividirse entre las 2 familias que formó con sus dos maridos, los primeros hijos y después mi madre, intentar quererlos a su modo y justificarles los defectos porque todos eran hijos, tener tanto nieto y al final creer que le tocaba irse con esa parte de su familia porque ya muchos años había estado con nosotros, trato de recordarla altiva como era, mirándose las manos donde portaba un anillo de plata, y se lo miraba y se lo miraba y repetía: “esto es oro, es de oro”, porque hasta el final de su vida ella fue la niña del hacendado español, la que tenía nanas y sirvientes, para ella esa nunca dejó de ser su realidad, descansa en paz Mamá Elisa, gracias por los años que estuviste junto a mí…

Adriana Dammiel Mora.

(A Elisa Carretero de Mora, mi abuela).61c90e_manosabuelasl

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El placentero dolor del amor

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El amor dura 900 días, lo dice la ciencia, pensaba en eso bajando las escaleras de mi edificio para encontrarme en la reja con el amor de mi vida, a las nueve de la noche me esperaba con jeans, camisa blanca, tenis y mochila al hombro, ya a cumplir 40 este año, y se veía tan adolescente de pronto así, con su mochila…y salí a la reja y su aroma a jabón me mareó de ternuras y pasiones, agarridatos de la mano nos fuimos a buscar un bar para tomar unas cervezas y todos estaban cerrados, luego entonces nos pareció mejor opción meternos a un motel, compramos cervezas y nos metimos al primero que nos encontramos…mi dulce amor se desnuda para bañarse mientras lo observo fumando desde la cama, por primera vez en la vida le salió panza, ya tiene canas, ya tiene arrugas…me conmueve ver como se va convirtiendo en un señor, me cuenta sus cosas de la semana mientras se baña, su trabajo, sus líos como padre de una adolescente, y viene hasta la cama y se tiende a mi lado, prendemos la radio y Café Tacubva canta: “quiero ver tu risa todo el día, y escuchar la melodía de tu voz”…en ese cuarto de hotel, con ese hombre a mi lado, me doy cuenta que estoy con el amor de mi vida, y me inspira la canción que estamos oyendo, mi amor se está riendo de cualquier tontería, ¿cuantos años tenemos de conocernos?, la primera que lo vi en esta vida: él traía braquets y cabello largo, este es el hombre de mi vida, ese que pasan los años y sigue siendo inspiración y musa, el único motivo de alegría en mis angustias, el refugio a los fracasos: el que vino a la vida para ser amado por mi…el hombre al que se dedican canciones como la que Café Tacubva está tocando: “quiero ser la forma de tus labios…y quiero ser tu último dolor”…diez minutos más tarde lo tengo sobre mi haciéndome el amor, la vez número 500 de esta vida, su entrega, su pasión, mi suerte grandiosa, el amor no dura 900 días, he amado a este hombre los últimos 17 años, y va para largo…tras el sexo él está hablando de irnos de viaje al mar en mayo, le estoy acariciando la cara con la punta de mis dedos, con delicadeza, como si su carita hermosa fuera de vidrio muy fino, y de pronto le callo la boca con la mía, y sus labios gruesos reciben mi beso y su lengua acaricia la mía…el cielo me abraza, el mundo entero es mío y dios me ama…en ese momento, ahí: soy totalmente feliz, y no hay ninguna dicha más grande que la mía…él es el hombre de mi vida, lo supe al medio año de conocernos, es ese que pasan los años y sigue siendo ese dolor dulce y placentero que ya nunca se va del alma, sigue siendo al que se le dedican canciones como la que Café Tacuvba está tocando desde el radio, él es esa sonrisa pendeja que me agarra de mi casa al trabajo en las mañanas, él es la inspiración y la musa, es el que no importa lo que pase: yo nunca podría ofender, nunca podría hacerle daño, jamás podría maltratarlo, él es intocable, venerado, bendito entre todos los hombres del mundo…su nombre es un mantra quedo y silencioso que repito diariamente para sentir paz…la paz que siento cuando se carcajea a mi lado…es un hombre que sigue siendo un niño inconsciente, no le tiene miedo a hacer el ridículo con tal de arrancarme una sonrisa, sabe que me hace feliz su mano en la mía, y procura caminar tomándome la mano, no le importa ir tras de mi, no deja pasar una sola oportunidad de hacerme sentir bien…no hay modo alguno de pagarle la felicidad de estos años, lo poco bueno que hay en mi interior como mujer: es para él…el mundo es el escenario luminoso donde calles y edificios nos ven pasar, tres horas más tarde salimos del hotel tomados de la mano, lo dejo en su casa y me voy a la mía, llego a recostarme en mi cama y no puedo dormir por suspirar recordando su risa y su voz…en la mañana me levanto desvelada y feliz, recibo su mensaje por whats en la mañana: “¿cómo amaneció mi lobita?”, y la respuesta de siempre: “feliz igual que cada vez que nos vemos, el amor no dura 900 días, al menos, el mío por ti: no tiene final…”

Adriana Dammiel Mora.

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43 años de perpetua adolescencia

Amanecí teniendo 43 años esta mañana, mi cumpleaños cayó en martes, así que como cualquier día común me levanté a las 5 am para entrar al trabajo a las 7, y he tenido tiempo para repasar durante la mañana estos 43 años accidentados, ver al pasado y no saber ni entender cuando dejé de tener 19 años, si aún ahora, veintitantos años más tarde sigo oyendo a Soundgarden y Pearl Jam, y mi peli sigue siendo Singles, y me sigo vistiendo de negro y botas industriales, un amigo me entrevistó la otra noche para su programa de internet, sus compañeros de programa resultaron ser conocidos de muchos años, no pude evitar sonreír cuando mi amigo me dijo: “me dijeron que cotorreaban contigo y que estás igualita”, porque por más que yo me miro: estas arrugas y estas canas no las tenía hace 20 años…como si los últimos veinte años se me hubieran venido encima con todos los recuerdos trascendentales que me han marcado, la muerte de mi padre y esa noche donde el abismo familiar de siempre se hacía presente como nunca, los lutos marcan más las distancias en lugar de unir, mi hermano en su esquina con sus amigos, yo en la mía con Enrique, el único de mis amigos que se hizo presente esa ocasión…cada tragedia tuvo una canción a la que aferrarse para sobrevivir, la música es karma, Fell on black days en ese luto, Cornell presente desde mi adolescencia…recordar el impacto del primer amor, ese cuyo brillo permanece a lo largo de la vida aunque su corazón dejara de latir hace algunos años, y esa sensación de inocencia enfática que sientes una sola vez en la vida, cuando miras la cara del amor por vez primera, y aún no sabes el destino cruel que le espera, y en aquel momento todo es puro, brillante y alegre…y tiempo después ese mismo amor ya perdido para siempre, y el primer dolor en consecuencia…y emigrar a otros lugares buscando el olvido…y nuevas caras y el descubrimiento de la vida nocturna y sus excesos, la juventud dura, la gente que conoces y los haces familia con los años, esos pocos que perduran fieles hasta hoy, y nuevas canciones para nuevos amores, se vive rápido y se envejece lento, hubo una época en que todo en la vida parecía posible si se pensaba en el futuro, de los 12 a los 19 yo pensaba así…la fascinación por un nuevo amor a los 20 que parecía el definitivo y no lo era, el empezar a escribir y publicar los primeros poemas y relatos a esa edad, y Clapton musicalizando la segunda juventud que ya no se miraba tan candorosa ni esperanzadora como la adolescencia, para los 25 yo ya era un demonio alcoholizado y amargado, diva deseada de los antros rockeros, la única vida donde realmente me sentía viva de algún modo, dos amores convertidos en primeras musas y el rock aturdiendo mis días y mis noches, aún la vida parecía ser infinita…muchas caras se extinguieron al paso de los años, muchos amigos no sobrevivieron a esa época…ningún exceso me devastó tanto en estos 43 años como el amor, el definitivo me llegó a los 26, él entonces un niño de braquets en la boca, cagado mocoso de entonces solo 22 años, ese amor ya jamás se iría de mi, sería la musa de musas, el motivo, la pasión, e iría y vendría por mi vida en su reinado eterno de amor de mi vida, el que fue y sigue siendo aunque nunca haya podido realmente ser…y la otra noche tomando chelas en mi balcón hombro con hombro a su lado, le descubrí las primeras canas, sus nuevas arrugas, y suspiré, el mocoso de braquets que conocí hace años en un bar: es ahora un señor cuarentón que me sigue pareciendo la cosa más hermosa de este mundo…en realidad no tengo mucho de que quejarme a esta edad, he hecho con mi vida lo que se me ha pegado la real puta gana, conocí todo para que nadie me viniera a contar de que se trataba la vida, viví tan furiosamente que a los 43 lo único de lo que tengo ánimo ya es de trabajar y regresar a mi casa a intentar dormir 6 horas diarias, tengo una pequeña familia de dos sujetos con los que comparto casa y con sus defectos y linduras los amo porque nací y ahí han estado siempre, y de pronto los miro y tienen mi cara y me da risa, pero los amo, y tengo un gato y mil deudas, pero también tengo ánimos para salir de ellas y cierto talento que de cierta manera me ha llevado a vivir en buena parte de lo que más me gusta hacer: escribir…tengo amigos que permanecen a mi lado después de décadas, con los cuales siempre es un gusto volver a coincidir, tengo fans que compran mis ebooks y adquieren cualquier cosa que creo para ellos, tengo el amor más trascendental de mi vida presente aún en mis días, ya no con aquel amor tal vez, pero con una complicidad y un apoyo que me aligeran la vida, y aún lo miro y digo: “¡carajo!, es él, siempre fue él, siempre será”…y tengo el café de las mañanas, y un espíritu noventero y grunge, que se niega a abandonarme, mientras tenga todo eso aún: creo que podré llegar viva a los 44…

Adriana Dammiel Mora.©

Funkmi

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Efemérides

Un día como hoy, hace 43 años en un hospital de la colonia americana de esta gran ciudad de Guadalajara: nace la escritora y poeta mexicana Adriana Dammiel Mora, gloria de las letras latinoamericanas, en este día la humanidad se pone de pie para festejar una leyenda de las artes universales, felicidades Adriana Dammiel Mora por tu genio de gran relieve y tu talento que aplaudo emocionada.

Atentamente:

Adriana Dammiel Mora.

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Bienvenido y adiós

En lo que parece ser el primer día del resto de mi vida: te escribo tal como te escribía hace 25 años, pero ahora me parece que si lees con atención lo que te expreso, ahora, desde algún lugar del universo donde tu consciencia subsiste: sé que me miras…¿crees en el hilo rojo del destino?, es aquel que nos unió hace años en una avenida común de esta ciudad, al este del paraíso, el hilo rojo del destino hizo que mi rostro volteara a enfrentarte cuando gritabas como loco en mitad de la noche: “¡qué bellísima mujer!”, una fecha y un lugar, únicos en el tiempo, un disparo abriendo las nubes del cielo, el momento de conocer el amor por vez primera en la vida, un rostro poético en el sereno aire de octubre, a principios de los años 90’s…un nombre, tu nombre, el nombre que me perseguiría ya para siempre, y tu voz, el sonido bendito inolvidable, que ya jamás se irá de mi aunque nunca te vuelva a ver vivo…bienvenido y adiós…en un universo paralelo estamos juntos, viendo a nuestros hijos correr, hay un mundo aparte, desconocido a los ojos mundanos, donde acaricio cada noche tu cabello rubio, y te canto hasta que caes dormido, hay un lugar, lo sé, desde donde estás leyendo lo que escribo aún antes de que yo lo escriba…se está terminado mi vida, puedo sentirlo, es paulatino pero muy claro, y se lo he dicho al hombre que amo ahora, y me dice que la muerte llegará algún día para todos, “pero no ahora, no hoy”, porque es lunes, y la manera que él tiene de distraer mi ansiedad es bromear a su tierna manera, pero solo yo sé lo que sucede, mis nuevas letras son tuyas, como fueron mis primeras letras en esta vida…vuelves a ser musa, ahí, donde ahora estás, tú estás sonriendo, y nunca podrás envejecer, conocí el amor en esta vida, la juventud ha terminado, mi gran amor murió en un carro, y en mis recuerdos se mantiene joven y radiante, eterno y feliz, lleva los labios mojados en vino, y no espera reencontrarme en otra vida: el hilo rojo el destino se hará cargo de eso…

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Adriana Dammiel Mora.

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Relicario

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No te vayas de mi vida, ni te vayas de mis ojos, que por ti sucede todo en mi vida, no me hables de muerte, que aún nos falta vida para recuperar el tiempo perdido, no te vayas de mi vida ahora que hablas quedo y suave a mi lado, ahora que tu bondad se derrama entre mis días como hace tantas vidas atrás…tenemos algo valioso en las manos, tú tienes mi apoyo y yo tu confianza, no tenemos que vivir juntos, no tenemos que gritarle a nadie lo nuestro…nos basta estar juntos donde sea, y darnos lo mejor que podemos darnos, y guardar silencio porque allá afuera la gente es mala…mira las tormentas que pasaron desde que coincidimos por vez primera en esta vida: yo crucé los desiertos descalza por volver a verte junto a mí…”no nos van a separar”, (dijiste hace unas noches)…y besé tus manos, y oí tu latido acompasado en tu pecho bendito…en un relicario pequeño llevo tu foto, y nadie lo toca, y nadie lo abre, estás hoy presente en mi vida y me haces serenamente feliz…y te veo ir y venir en mis noches, y sé que eres tú más que nunca antes, y el mundo y sus desdichas y sus odios pueden por mi irse a la mierda, nada me importa nadie si tú me sonríes, nada me importa si tú no sueltas mi mano, no te vayas de mi vida, no te vayas de mis ojos, nunca más…©

Adriana Dammiel Mora.

 

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Chava ruca en bar milenial

Ya he contado anteriormente en este blog el viacrucis de enfrentar el brinco de la juventud a la edad madura, el saber que de un momento a otro dejas de ser una “chava”, para que todos te empiecen a decir señora, el encarar un mundo de, y para jóvenes, mi sobrina estuvo de vacaciones dos semanas en mi casa, hoy tiene casi la edad que yo tenía al nacer ella, por esos días me llamó un amigo de muchos años, Ernesto, “el Chota”, nos conocimos hace más de 20 años y hemos conservado una grata amistad, me dijo: “carnala vamos a oír rock al zona bar”, el zona es un bar que yo frecuentaba hace 23 años, fui años a ese bar, de los 18 a los 27 no me sacaron de ahí, historias de amor y amistad nacieron y murieron para mi en ese lugar…tras la invitación del Chota a volver a un antro tan emblemático de mi primera juventud: tomé conciencia de las décadas transcurridas desde que dejé de frecuentarlo, pero mi amigo me animó al decirme por whats: “es igual que antes, no ha cambiado nada carnala, vas a sentir que vuelves al pasado”, y bueno, ni idea del outfit actual que se debe llevar al bar donde ibas de joven, los jeans nunca pasan de moda y lo usan hasta las abuelas,  así que me puse unos, una camiseta negra y mis botas grunge, y me vi con el Chota en un seven eleven a dos cuadras del zona, mi amigo con su moto choper, y llegamos al bar…la fachada es la misma y no ha cambiado gran cosa, el logo el bar es el mismo desde su apertura, en la entrada pedían el carnet de mayoría de edad a una bola de chavitos formados, por obvias razones no nos lo pidieron a nosotros, en la fila los muchachitos de entre 18 y 23 años abrían paso ante nosotros susurrando: “dejen pasar a los señores”, pronto pude darme cuenta que todos tenían edad para poder ser nuestros hijos, muchos saludaban al Chota con respeto, como si fuera un rockstar, subimos a la planta superior, ya en el interior vi el lugar retacado de jóvenes  con el pelo teñido de platino, morado y rosa, al igual que 20 años atrás: todos de negro, canciones del “rock” actual sonaban de fondo, desconozco los grupos que las tocan, El chota me trajo una cerveza y salimos al balcón. los nueve mil recuerdos me cayeron encima, en ese balcón el amor de mi vida me armó una escena machista de celos 15 años atrás, a un lado del baño, en un muro: conocí a Jorge Alberto Llamas, el segundo amor de mi vida y hoy flamante padre de un bebé recién nacido, en el cuarto del fondo, donde antes había una mesa de billar: yo le invitaba tragos de vodka al Jovo Panteras de Garigoles, había un sofá en el pasillo, donde me sentaba con Francisco de la Vaca, un ingeniero dark que fue mi amante…y de pronto me dí cuenta que tengo 42 años, que esos flashbacks vienen de ya muy lejos en el tiempo, pero el Chota departía alegremente igual que cuando lo conocí en aquel entonces, como si realmente el tiempo para él se hubiera detenido, tras tres cervezas fui a hacer cola al baño, estuve esperando oír a algún grupo tocar algo de Soundgarder o Pearl Jam pero ellos tocaban cosas nuevas, totalmente desconocidas para mi…en el baño chavitas casí niñas hacían fila, todas con sus chelas en la mano, a dos chicas de mi turno, la de atrás de mi le dijo a la de adelante: “deja pasar primero a la señora”…voltee a verla anonadada, “¿¿señora??”, al verla pude ver en ella una teen de la edad de mi sobrina, “carajo, yo ya venía a este bar cuando esta niña ni nacía, yo era la reina de la noche, si: soy una señora”…oriné con toda mi depresión encima, Chota y yo bajamos al mezanine del lugar donde otro grupo de metal se preparaba a tocar su tanda, un par de reliquias de mi edad me saludaron reconociéndome, un amigo del pasado me contó de su tratamiento para vencer el cáncer de próstata, una vieja amiga ya con 20 kilos más encima me contó que es abuela de 4 niños y se divorció un par de veces, en eso el grupo de metal comenzó a tocar y sentí que me daría un ataque de pánico, no podía oír yo ni mis propios pensamientos, los jóvenes empezaron a aventarse unos con otros haciendo “slam”, y no es algo nuevo para mi, en mis épocas ya existía el slam, pero no lo hacía nadie en un espacio tan reducido, como pude me le pegué al Chota y lo sujeté del brazo gritándole: “no mames, ¡¡nos van a romper la madre, vamos a salirnos de aquí!!”…pero el Chota calmadamente me gritó: “no pasa nada carnala, ¡mejor vamos a entrarle!”, y se metió en la bola del slam perdiéndose entre los chavitos…como gatito recién nacido temeroso y tembloroso me pegué al muro que da hacía la calle arrastrándome entre aventones, gritos y botellas voladoras…maxresdefaultSalí del bar viva y con arritmias, muchos otros muchachitos estaban en la calle agrupados mirando fijamente sus celulares, no volteaban a mirarse unos a otros, caminé hacia avenida Juárez donde tomé un taxi a casa con un zumbido en los oídos que no se me quitó hasta el día siguiente, en la mañana recibí un wahtsap de mi amigo el Chota: “¿por qué te fuiste carnala, apenas se estaba armando ambiente, ¿viste lo que te dije?, ¡nada ha cambiado!, en el zona todo sigue siendo como hace 20 años!”….

 

Adriana Dammiel Mora

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Los privilegios del alma

Caperucito mío:

Se acaba otro año, en el que sin duda lo mejor que me pudo pasar otra vez: fuiste tú…hay tantos renovados miedos justo ahora, ahora que finalmente vienes a mi por gusto, ahora que percibo tu genuino interés y la felicidad me desborda, los terrores se apoderan de mis días, la incertidumbre de mis noches, el destino nunca me ha dejado ser feliz por mucho tiempo, hoy, más que nunca: eres el reflejo de cada cosa valorada que la vida me quitó, mi abuelo, mi padre, mi primer gran amor, y hoy, más que nunca, eres lo que más temo perder…
Me encuentro más que nunca antes indefensa, he abierto mis sentimientos claros ante ti, tienes los privilegios de mi alma…he salido de mi escondite, te he puesto mi vida en las manos, hay desesperación en mis planes, una urgencia de la tranquilidad de saber que mañana y pasado seguirás en mi vida, he actuado de maneras estúpidas y torpes ante ti, porque siento la magia pura de tu presencia bendita en mis noches, eres un delicado milagro, un sueño perfecto: el hombre de mi vida, hay planes y proyectos que me hacen feliz, pero sobretodo hay una historia de reencuentros y pasiones contigo, esa que le da un nuevo sentido a mi vida, tus mensajes diarios, tu entrega, tu interés, tu imagen hermosa en mi puerta: la vida que se abre ante mis ojos luminosa, el esplendor sobre la hierba, la existencia dorada que no puede ser más perfecta porque tú habitas mis espacios…como a nada y como a nadie: gracias por existir, tú siempre serás el amor de mi vida…

Lobita tuya.

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Como los desiertos a la lluvia

Entré en la que fuera su casa 24 años atrás, en una tarde en la cuál quise enfrentar los demonios del pasado, enfrentar el recuerdo del primer gran amor de mi vida…mi amigo Paco Dodero me acompañó en la aventura de rasguñar tiempos añejos, las calles que atestiguaron mi primera irreverente juventud, las avenidas de una colonia lujosa, y la ausencia definitiva de Max sobre esos rumbos…una esquina ya sin los aires noventeros de antaño, la cálida tarde del verano en el mismo lugar donde mi destino y el de Max coincidieron muchos años atrás…mismo lugar, tiempos distintos, ¿cuanta gente ha fallecido desde entonces?, ¿cuantos se fueron de aquí como yo?…yo huí buscando un olvido que nunca llegó, si, su nombre era Max, era joven, radiante, hermoso, rico y pedante, su carisma arrasaba noches, lugares, personas…lo mío por él fue conocerlo y amarlo…la cara más bella que vi en mi vida, su boca mojada perpetuamente en alcohol, su prepotente millonaria juventud que le hacía creer que el poder y la vida no tenían fin…estaba tan radiantemente vivo, tan angustiantemente desolado…que nada quise tanto como rescatarlo de sus propios demonios…5 años después de su muerte supe que escribiría nuestra historia, tras visitar el frío templo donde una urna en una gaveta resguarda sus cenizas: regresar a las calles del pasado fue un mal obligatorio…crucé el portón de su magnifica residencia, entré caminando el pasillo donde aquel joven tormentoso caminó tambaleante tantas veces…toqué las paredes de su ex casa, “estás muerto Max, ¡carajo!, “, (y mis ojos se llenaron de agua), “qué muerto estás”…tan muerto como vivo estaba la noche que lo conocí…y lo extraño, como los desiertos extrañan la lluvia…fantasmas circundan la residencia donde habitaba mi primer gran amor, tres vidas juntas hoy en algún lugar del universo, Max finalmente cobijado por sus padres, ¿por qué duele tanto aún su ausencia?, ¿si todo fue tan efímero entre nosotros?…dolerá por siempre el recuerdo de su imagen al volante cruzando la avenida en un thunderbird negro, su dignidad inquebrantable que nunca le permitió volverme a abrir su corazón, su soberbia que me hundió entre sombras tantos años, dolerán por siempre las cosas que en vida ya nunca quiso escucharme, las cosas que 24 años después le digo cuando le dejo una rosa blanca en la gaveta de ese frío nicho en una iglesia cada mes… ©

Adriana Dammiel Mora.

(A Max G.)

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Carta al amor de mi vida

Querido Alfred: Agosto 26-2010. Gdl Jal.México.

¿Te dije alguna vez, Que la ausencia de tu vida en mi vida volvió mi rutina un cumulo de días absurdos y noches inútiles?…

¿Te dije alguna vez que te reconocí la primera vez que te detuviste frente a mi para hablarme?, como si hubieras sido un ser cercano al alma, como si te hubiera amado toda mi vida desde antes de encontrarte, como si hubiera vivido 26 años solo para recibir al destino aquella noche, y decir: “eres tú, amor de mi vida, hola de nuevo?…”

Parecía que eras un ser que regresaba de alguna existencia anterior o de algún universo paralelo, yo te saludé esa noche dándote la bienvenida a mi vida otra vez…

No te dije nunca que nadie jamás me miró como tú me mirabas, y nadie más volvió a sonreírme con esa pinche boca gruesa de dientes rotos…

O tal vez te dije todo eso y siempre sentí que algo me faltaba por decir…

Si pudiera verte ahora, te diría que te quise aunque no quería quererte, te quise porque no lo podía evitar, y te amé como nunca amé nada más en mi vida…

Supe al conocerte que si no eras para mi nunca sería feliz, y nunca lo he sido.

En tus brazos conocí la paz que calma las mareas y domina tempestades.

Debes saber por si un día me muero: que vine a esta vida a amarte, que amarte fue el milagro que le dio sentido a mi existencia.

Que nadie me causó mayor daño que tú y sin embargo nunca pude encontrar la manera de detestarte por eso…

Que las calles, los lugares, los días, nada valen porque no los comparto contigo.

Que los años y las distancias solo avivaron más mi pasión por ti y por todo lo que eres, que allá donde vayas: mi amor camina a tu lado, que un día después de morir te seguiré amando.

Que sobre ti vive cada cosa que amo de la vida, tu mirada clara y maliciosa, tu risa abierta, cantar de niños pequeñitos, tu torpe andar, tu voz, irrepetible e inconfundible para mi en un mar de voces que nada me dicen, que carecen de sentido…

Tal vez no entiendas mucho de lo que aquí te estoy declarando, me resigno con que entiendas que son las palabras de amor más grandes que nunca me inspiró nadie, que entiendas que aún eres para mi estrella guía, que motiva mis poemas, que me mueve a respirar, que vivo porque estás vivo en algún lugar cerca de mi, que mantengo una ilusión bajo mi almohada cada noche, la de volverte a ver, la de oírte decir alguna vez que a tu manera también me haz amado, aunque sea un día antes de morirme…©

Adriana Dammiel Mora

 

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Las noches de Max, Un fragmento.

La noche era fría y caminaba la avenida Lapizlazulli oyendo a Chris Cornell cantando Seasons en el walkman, si cierro los ojos ahora: recuerdo el ruido de los carros pasando a mi lado, las luces de la noche, los arboles del camellón, mi asimilada actitud de diva juvenil que desdeñaba a cada tipo que se orillaba con su carro a la banqueta queriendo conocerme…esa noche fue distinta, esa noche cambió mi vida, esa noche conocí el amor…

Su voz se escuchó ronca pero potente en medio de todos los sonidos incluido el de Cornell cantando en mi walkman, y ya para que sonara más fuerte que la de Cornell es que esa voz era potente…su voz, la voz que de entre toda la gente por primera vez me obligó a quitarme los audífonos para mirar su cara de frente…gritaba emocionado: “¡Qué bellísima mujer!, ¡qué bellísima mujer!, va a ser mi novia!”…su pequeño carrito reanult 18 blanco quedó parado en mitad de la avenida con sus amigos en su interior, con los carros pasando y los conductores gritando: “¡mueve tu porquería animal!”, él los ignoraba, parado frente a mi con la mano extendida me miraba sonriendo, y era todo él una fiesta ambulante, un cascabel humano estruendoso, un muchachito radiante, lleno de vida y evidentemente alcoholizado…su cara era un poema, podías oír una suave música, como un delicado oleaje que repetía un coro femenino muy tenue si mirabas su cara, sus ojos tristes oscuros, ojos muy niños, la naricilla recta, la boca mínima del color del vino de cerezas, y su porte era alegre pero altivo, “Me tienes que dar tu nombre y de menos tu teléfono” (dijo), y yo lo miraba asombrada pero disimulando ese asombro, “Adriana” (le dije), “¿y tú eres?”…sonrío otra vez y el sol salió iluminando la noche, “Max,” (me dijo apretando mi mano con la suya), “pero a partir de esta noche: ¡tu gordito!”…

Y es que en efecto, era gordito…le di mi teléfono y se subió a su carrito mostrándole a sus amigos el papel con mi número, gritaba feliz: “¡me dio su número!, ¿pueden creerlo?”, y se perdió por la avenida…

Adriana Dammiel Mora

Las Noches de Max©

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To the Max

IMG_20170619_114414 Hay un amor, presente en nuestros recuerdos, generalmente es el primer amor, y desde nuestros recuerdos en tardes lluviosas aquel amor se asoma doliendo con un dolor único que lo identifica solo a él…un amor perdido, muchas veces alguien ya fallecido, y cuando emerge lo hace poderoso, desde su lugar ya para siempre inalcanzable, se muestra intacto y joven, mientras nosotros envejecemos, y nos mira piadosamente, viendo en lo que poco a poco nos hemos convertido…y desde su idealizado lugar ese amor brilla, tal como brillaba la noche que lo conocimos…Max para mi es ese amor inolvidable, primera emoción irrepetible en la vida, disparo de luz nítido, estrella fugaz que cruzó mi cielo unos instantes, Max que ya no está sobre este mundo, sonríe hoy desde un lugar de mi pecho donde nadie más puede vivir, un lugar cuidado, protegido, resguardado, una habitación del alma que Max habita, desde ese lugar Max es venerado e intocable, ahí se escuchan sus carcajadas niñas, ahí su mirada ilumina un poco mis tragedias reales, es ahí Max eternamente joven y feliz, mucho antes de su primera pena de amor, mucho antes de la muerte de su madre, mucho antes de su propia muerte, ahí sigue y seguirá brillando para mí, como se lo prometí hace tantos años: hasta un día después de que yo muera…

Adriana Dammiel Mora

Reflexiones sobre el Tercer Debate Presidencial — Las ventanas de Cecilia Durán Mena

Algunos no teníamos grandes expectativas, después del segundo debate, resultaba complicado pensar en que se daría algo mejor y a quienes tuvieron los oídos, abiertos les llegó su recompensa. Vi a un López Obrador contento, muy rojo —bronceado en exceso, dirán algunos—, a un Ricardo Anaya triste y a José Antonio Meade sereno. El Bronco […]

a través de Reflexiones sobre el Tercer Debate Presidencial — Las ventanas de Cecilia Durán Mena

La fidelidad a AMLO

Pobre mi país si gana este hombre…

Las ventanas de Cecilia Durán Mena

Hay cosas que no entiendo y una de ellas es la fidelidad que la gente le tiene a Andrés Manuel López Obrador. El fenómeno es interesante. El hombre debe de tener algo que no alcanzo a ver y que me gustaría entender porque esa capacidad para reunir a tantos en torno a él, a gente tan distinta, es un misterio.

Lo que más me asombra es ese entusiasmo que no permite críticas a su persona ni a su movimiento ni a su proyecto. Pareciera que estamos hablando de un ser santificado al que no se le puede manchar con la suciedad de una critica, con la vileza de la duda, con la bajeza de un señalamiento. AMLO ha tenido la capacidad de convertirse en una figura que fusiona la veneración que antes se le tenía a los curas, la devoción de los brujos y el respeto a los mayores.

Entre…

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Propuestas populistas de AMLO — Opinión y Democracia

Leo Zuckermann Juegos de Poder Promete construir dos refinerías en México. La refinación de petróleo es un pésimo negocio en todo el mundo. Las refinerías, por lo general, pierden dinero. Si las empresas petroleras refinan crudo es para que haya más consumo de petróleo cuya extracción es el gran negocio Hay diferentes definiciones de “populismo”. Una […]

a través de Propuestas populistas de AMLO — Opinión y Democracia

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